Quedan unos días para la cita profesional más importante del sector del libro infantil y juvenil. En Bolonia nos reunimos editores y agentes literarios de todo el mundo dispuestos a descubrirse mutuamente tentadoras novedades. Tampoco falta cada año un importante número de ilustradores con carpeta en mano, ganas de mostrar su portafolio y contactar con nuevos clientes.

Pero, ¿hay espacio para los ilustradores en la Feria de Bolonia?

En cuanto a espacio físico, tienen uno privilegiado. En el hall de la Feria se presenta la muestra de ilustradores, una oportunidad de conocer talentos de todo el mundo, a la que ahora se suma una exposición monográfica del ilustrador premiado por la Fundación SM y la propia Feria en la anterior edición. Además, el país invitado apuesta por dar especial protagonismo a la ilustración en el lugar donde muestra su mercado editorial.

En otra zona de obligado paso, está el muro de los ilustradores. En cuatro días deja de ser una pared de un inmaculado blanco a un loco collage de estilos y colores donde los ilustradores ponen a prueba su capacidad para hacerse visibles.

El café de los ilustradores, foro profesional, también está en el vestíbulo. Se enfoca como un espacio de encuentro donde escuchar charlas y conferencias. Año tras año, se echa de menos una programación más ambiciosa que aproveche la presencia de los ilustradores para ofrecerles una programación que aborde en profundidad temas profesionales y artísticos.

¿Pero hay espacio temporal en las apretadas agendas de los editores? Salvo raras excepciones, no. Para un ilustrador resulta complicado organizarse una agenda de citas profesionales, lo que le obliga a vagar por los pasillos y soportar largas colas en aquellos lugares donde, por un breve periodo, se hace una excepción.

Más allá de embellecer el recinto ferial, el ilustrador es un profesional, fundamental en este sector editorial y así debería ser tratado.

Señoras y señores de las editoriales, lleven a sus directores de arte o a sus editores y vean portafolios. La Feria es una oportunidad única de descubrir los proyectos que serán los libros de la próxima edición, de conocer de primera mano el universo visual del artista, de conocer a la persona. De ver un block, no un blog.

Asistir a la Feria de Bolonia supone un esfuerzo económico importante. Siempre uno vuelve con la cabeza llena de ideas y la satisfacción del encuentro con los colegas. Pero el ilustrador, además, tiene que regresar con la sensación de que nuevas perspectivas profesionales se abren ante él.

Sandra López