La llave para abrir las puertas del mercado editorial a un ilustrador es el portafolio. Esta herramienta precisa un ejercicio de concisión, estilo y coherencia que nos (re)presente. Con el título ‘Somos nuestro portafolio’, hemos trabajado este fin de semana en el Museo ABC en un taller centrado en las claves para mostrar nuestro trabajo a editores y directores de arte.

El taller subrayó las cualidades que diferencian al catálogo (el cual acaba sepultado) del portafolio. Este ya no se limita a la carpeta con láminas sino también puede proyectarse de manera global gracias al 2.0: a través de redes sociales, blogs, web. Utilizamos día a día internet pero, ¿lo empleamos correctamente?


¿La ilustración como profesión es una utopía? La respuesta es contundente: no. El encuentro, eminentemente práctico, trazó los objetivos, cualidades y dificultades de la elaboración de este instrumento promocional.  No hay que perder el horizonte, recordó Sandra López, “su finalidad primordial es servirnos de herramienta comercial para conseguir encargos”.

En su preparación, el planteamiento básico es “ponernos en lugar del otro, del cliente. ¿Qué necesita? ¿Qué busca? ¿Qué hace?” Unas pinceladas sobre un buen portafolio: una presentación cuidada, la coherencia y el orden de las imágenes mostradas, ser capaz de interesar al posible cliente y completo.

“La Red nos da la posibilidad de llegar desde nuestra mesa al mundo entero, pero ¿se oirá nuestra voz entre tanta gente?”, preguntó Ángel Domingo, quien abordó los aspectos principales del portafolio 2.0, el que salta de la clásica carpeta a las pantallas en soportes tan diversos como la web, el blog, las redes sociales, las newsletters…

“Estamos en un mercado laboral competitivo, saturado y con profesionales de mucho talento. Tenemos que sobresalir. Destaquemos lo que nos hace únicos, valiosos y singulares”, señaló.

Uno de los retos del universo 2.0 es “no naufragar entre tanta red social, generalistas y profesionales. Elijamos las más efectivas para nuestros objetivos. Y, por supuesto, han de gestionarse activamente. Requieren tiempo y atención. Si abrimos un perfil por moda, sin convicción, servirá de poco. Porque, en Internet, los espacios que no se actualizan, se olvidan”.

Tras revisar los portafolios en papel y digital de los participantes, la editora Llanos de la Torre cerró la intensa jornada con recomendaciones prácticas para lograr que los proyectos personales terminen en las librerías mediante muestras de Miguel Ordóñez, Antonio Santos, Miguel Tanco, Elena Hormiga, Julio Antonio Blasco López, Daniel Torrent, Montse Rubio, Alex López, Ana Pez, Celia Turrión y Adolfo Serra. Gracias a todos ellos por compartir tan generosamente su trabajo.