Dice Mónica Romero, responsable de Pencil·México, que cuando comenzó la carrera de Literatura Inglesa no sabía qué haría una vez que la terminara. “Y no me importó, decidí disfrutar sin preocupaciones esa etapa. Sin embargo, fue un tanto como jugar serpientes y escaleras con ella hasta redescubrir el universo que desde ya hace años me acoge: la literatura infantil y juvenil, y la ilustración. Una me presentó a la otra y cada día vivo con ellas nuevas historias”.

Fueron muchos los senderos recorridos, y todos conectados, los que “me dirigieron a encontrar una nueva familia, porque ser parte de Pencil Ilustradores, es más que trabajar en una agencia, es estar en familia, una conformada por agentes e ilustradores relacionados, tal vez no por sangre, pero sí por una pasión: la ilustración”.

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Hemos charlado un poco de esto y aquello…

Tu tesis universitaria lleva por título “The Water-Babies, ejemplo de la literatura infantil de la Época Victoriana”, ¿han cambiado mucho las cosas desde entonces? Yo diría que, más que cambiar, han evolucionado. Cuando estaba por terminar la Universidad y me encontraba en ese punto de escoger tema para tesis fue un conflicto un tanto como cuando uno sale de la preparatoria y tiene que escoger carrera. Sabía que el tema tenía que ser el camino ideal en mi vida profesional, independientemente de qué tanto me tardara en para poder caminar en él. Así que decidí meditarlo, y la decisión llegó bastante pronto: la literatura infantil.

En mi carrera, a partir del segundo año, casi todas las materias son llamadas  Historias Literarias, es decir, que se estudia la historia de la sociedad –en mi caso la inglesa – a través de su literatura. Conforme pasaron los años me di cuenta de que era casi nula la mención de libros dirigidos a niños como un aporte a esta historia. Mi asesora me dijo que analizara el libro que se considera aquel que comenzó la época de oro de la literatura infantil en Inglaterra, The Water-Babies, y con él defendiera como un libro para niños dice mucho de la historia que se va construyendo.

Durante mi investigación me fui interesando más y más en la Historia de la Literatura Infantil y, desde ese entonces, no dejo de leer libros que se desarrollen alrededor de ésta. Además, en mi vida profesional he sido muy afortunada de trabajar en lugares que tienen que ver con ella y así voy aprendiendo no sólo de su historia, sino de la importancia de que exista un género –aunque aquí hay mucha controversia si en realidad es un género o no- para los niños, que por muchos siglos no hubo, de sus creadores, de sus lectores, etc. Para mí, cambio involucra sustitución y evolución involucra crecimiento. Por ello pienso que las cosas en mi vida han evolucionado más que cambiado.

El gusanillo investigador te ha picado fuerte, actualmente preparas tu tesis de maestría en Promoción en la Lectura y Literatura Infantil, dirigido por el CEPLI de la Universidad Castilla-La Mancha. ¿De dónde viene el interés por la ilustración? El interés por la ilustración surgió gracias a todas esas lecturas que hacía sobre la literatura infantil, pues en casi todas ellas se la menciona muchas veces como parte esencial de los primeros libros para niños.

En 2009 tuve la oportunidad de ayudar a montar en el Salón del Libro de París una exposición de ilustradores mexicanos. Nunca voy a olvidar la emoción que sentí al tener un original en mis manos. Fue como transportarme a su estudio y poderlos ver trabajar y sentir aquello que ellos sienten mientras van creando su obra. Después de esa experiencia me fui involucrando más en este mundo, ya sea participando de alguna manera en los montajes de algunas exposiciones o coordinando talleres para ilustradores, los cuales me permitieron tener contacto con muchos mexicanos –por lo menos de la ciudad de México- y varios internacionales, quienes con sus pláticas me inyectaron de esa pasión que tienen por su trabajo y, habiendo en la carrera escrito una investigación sobre la importancia de la literatura infantil con una crítica literaria, ahora estudiando la maestría estoy haciendo una crítica de la ilustración en un libro álbum; esperanzada a que en algún momento haya más críticos o estudiosos de la ilustración.

El rasgo más sobresaliente de la ilustración en México es su pasión

¿Qué aporta la ilustración al libro? Esa pregunta es un tanto capciosa, pues depende del tipo de ilustración, del texto, de si es un libro álbum o un libro ilustrado, del público al que va dirigido, de si la ilustración está apoyando al texto, o acompañándolo, etc.

Haciendo a un lado lo técnico y contestando un poco más con el lado romántico, la ilustración, para mí, aporta creatividad, imaginación y sentimiento. Cada lector recibe cada una de ellas de manera diferente, mucho depende también en el momento en el que se encuentren ellos, es decir, las personas somos un mundo y la manera de percibir es de acuerdo a lo vivido. El ilustrador trabaja con el corazón, con el alma; y por lo tanto, llega a él. Tal vez lo que aporta es el poder de aflorar los sentimientos que llevamos dentro de nosotros. El texto ya por sí sólo es un banquete de sentimientos a detonar; sin embargo, un libro con ilustraciones es un festín.

El trabajo en Conaculta te dio la oportunidad de moverte por diferentes ferias y encuentros profesionales, ¿ves muchas diferencias entre los libros publicados en unos países y otros? Sí, hay diferencia. Tal vez no tanto entre países, sino entre editoriales. Gracias a la oportunidad que he tenido de viajar, tanto por mi trabajo como por interés personal, he descubierto que las ediciones no dependen tanto del país, sino de la visión del editor – o la editorial -, ese personaje romántico quien tiene la sensibilidad y conocimiento para escoger al escritor e ilustrador -en este caso- y el formato del libro. En todas partes del mundo hay libros buenos y malos. Claro, la gran diferencia está en que no hay el mismo apoyo a la industria editorial en un país que en otro; y por lo tanto, esto hace que en algunos lugares no se puedan desarrollar mejores proyectos, que muchas veces se quedan en los cajones por falta de apoyo económico o hay fuga de cerebros.

México vive un momento ilusionante con multitud de iniciativas editoriales, ¿cuál sería tu radiografía? De unos años a la fecha, la industria editorial en México ha crecido bastante. Las grandes editoriales se han atrevido a darle un giro a sus colecciones, de tal manera que se siente una frescura en ellas. Han surgido cada día más editoriales independientes, aquellas creyentes en sus proyectos y que se han aventurado a desarrollarlos pese a que el esfuerzo es triple por no tener las condiciones económicas, y que tal vez la remuneración no será tan alta, pero es una satisfacción personal invaluable.  En mi opinión, se ha creado una muy buena relación entre las grandes editoriales y las independientes, de tal manera que se ha hecho una competencia amistosa. La calidad del libro ha incrementado notablemente en todos sus aspectos. Además, se le ha dado mayor importancia al fomento a la lectura, tanto que en casi todas las editoriales tienen un área que se dedica a crear actividades para provocar el gusto por ésta. El formato de las presentaciones editoriales ha cambiado notablemente: hay un acercamiento al libro desde lo humano, un contacto con sus autores y no se ve al libro como un objeto que salió de una máquina, sino que fue hecho por seres humanos, como lo somos todos, y, por tanto, se le pierde el miedo a éste, a su lectura. El conjunto de todo esto ha provocado que cada vez más gente se quiera desenvolver en la industria editorial, trayendo consigo su creatividad y todos los lectores lo agradecemos, tanto, que creo que por ello se han sostenido y surgido estas iniciativas editoriales.

¿Esto también está provocando una eclosión de ilustradores mexicanos? No sé si podría decir que las iniciativas editoriales estén provocando una eclosión de ilustradores mexicanos, o simplemente se esté reconociendo más su trabajo y ellos tengan más lugares en donde desarrollarse.

Lo que sí es que, gracias a la importancia que se le está dando a la ilustración tanto en el mundo editorial como cultural, se han desarrollado más proyectos de profesionalización por parte de las instituciones de cultura, universidades, academias, colectivos, etc. Estos proyectos han hecho que cada día haya más opciones de formación para los ilustradores, para su crecimiento; y las editoriales tienen más alternativas.

Las ediciones no dependen tanto del país, sino de la visión del editor

Muchas veces se trata de definir con unos rasgos generales la ilustración de un país, ¿encuentras unos rasgos comunes a México? Creo que en este siglo XXI ya no podría hablar de rasgos característicos en el arte de un país. Estamos ya tan cercanos a todo el mundo que eso nos lleva a poder aprender de los demás y poder experimentar de todo y todos quien nos van formando como personas y por tanto también en nuestra profesión. Claro, todo ser humano lleva consigo una historia, pero éste combinado con el bagaje cultural de cada uno el que se ve reflejado en nuestro trabajo. Creo que el rasgo más sobresaliente de la ilustración en México es su pasión. No podría hablar con tecnicismo porque no soy experta, pero lo que sí me demuestra cada trabajo que veo de los mexicanos es que en ella hay un derroche de sentimientos que se nota en cada pincelada, trazo, etc.

¿La pasión lectora es tan insaciable como parece? Quiero pensar que sí, por lo menos para aquellos que ya hemos aceptado que el libro es nuestro amante. La lectura desencadena nuestra imaginación; nos hace experimentar nuevos tiempos y nuevas vidas; aunque sea por un instante. Sí, en esta época ya ha muchos distractores (Internet, la televisión, los videojuegos); por un momento podremos sentiremos atraídos a ellos; sin embargo, ninguno podrá remplazar al libro. Además, lo que aprendemos de ellos es invaluable. El poder vivir otra realidad mientras nos involucramos en una historia que leemos es una experiencia muy enriquecedora para, precisamente, esa realidad a la que regresamos cuando cerramos el libro.

¿Qué camino ha de recorrer la ilustración mexicana en su profesionalización? Tiene un gran y largo camino por recorrer, y ya lo ha comenzado a hacer, claro. Desde hace unos años a la fecha el desarrollo de proyectos de profesionalización para ilustradores en México ha crecido y esto ha generado que los mismo ilustradores pidan más. Afortunadamente, universidades, academias, institutos de cultura, escuelas especializadas y ferias del libro están escuchando el deseo de los ilustradores por tener mayores y mejores opciones para prepararse. Talleres, coloquios, pláticas, cursos, etc., en torno a la ilustración, se están haciendo presentes en ellas. Se espera que la profesionalización crezca día con día, ojalá pudiera llegar a ver una licenciatura en ilustración; sin embargo, los esfuerzos que ahora se están realizando para generar talleres y conferencias en torno a ésta se agradecen muchísimo y, por supuesto, se ve el crecimiento de los mismo ilustradores. Tanto de aquellos que dan clase o dan conferencia, pues el enseñar siempre nos hace aprender y comprender más nuestro trabajo, como de los que reciben este conocimiento pues aprenden de las experiencias de los que ya llevan el camino más recorrido. La profesionalización es un campo gigantesco que se puede trabajar en conjunto, entre todos los interesados, de alguna manera, por la ilustración, y la cosecha sería la satisfacción de vivir de vivir en ella, de ella, de la que para muchos es nuestra pasión; aunque no seamos propiamente ilustradores.

La ilustración también encuentra terreno en otros campos: prensa, publicidad… ¿Cómo está el panorama en México? Es amplio, muchos ilustradores se desarrollan en estos campos. Algunas revistas literarias, de diseño, de política, por mencionar algunas, se están acercando cada día más a los ilustradores mexicanos para hacerlos participe en sus proyectos. De hecho, se han realizado concursos para crear portadas, que pudiera ayudarlos a lanzar sus carreras profesionales o seguir aportando a la consolidación de éstas.

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